La medalla de chocolate
… Y soñaba yo con mi granizado de limón mientras me partía los sesos con las unidades didácticas y los temas …parecía que el día nunca iba a llegar, un día tras otro, los dolores musculares, el calor, todo minuto corría y todo el tiempo era poco. Aburriendo a la familia con el monotema de las oposiciones y con el sentimiento contradictorio del tiempo que corría en contra, por un lado deseando acabar, y por otro deseando tener más días para llevar todo un poco mejor preparado. LLegaba la noche e invocabas a lo que fuera para que el terrible dolor de cervicales no desembocara en un dolor de cabeza que cuando acecha al alba se instala hasta la noche con un apego que da asco. Eso derivaría en mal humor, malestar y culpabilidad por desaprovechar el tiempo, que es oro, siempre es oro…
Cada mañana, me sentaba en “mi rincón” junto a la ventana después de llevar unas horas haciendo “otras cosas” (entiéndase por cosas “mis labores”) saludaba a mis gatos de enfrente, ellos no me conocen, yo a ellos les tengo hasta nombre. Ajenos a mis temas, los muy afortunados… ¡si supieran lo que yo les contaba! Gato 1, te voy a contar de qué va el rollo de la unidad 2, prepárate. Y se preparaba, y debía ser un rollo soporífero para él junto con el calor que nos acompañaba porque Gato 1 se estiraba en la jardinera a la que le tiene prohibido el habitat floral y dormía de un tirón. Gato 2 pasaba 3/4 también de mí, y no es para menos. Pensarían, ¡mira, la que enciende el sol de noche, estos humanos no hay quién los entienda! y sí, mi flexo y yo, mis amigos y yo, mis temas y yo.